Formación de verano 2026: educadores Maristas que aprenden para transformar
Antes de que las aulas volvieran a llenarse, la comunidad educativa de la Provincia Marista de México Central ya estaba en movimiento. Durante el verano de 2026, educadoras, educadores y colaboradores participaron en diversos espacios de formación que tienen un propósito común: seguir aprendiendo para acompañar mejor a las niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
Los Cursos de Verano 2026 muestran que la formación de nuestros equipos no es una actividad complementaria, sino una parte esencial de nuestro proyecto educativo. En un contexto en el que las escuelas enfrentan transformaciones pedagógicas, tecnológicas y sociales cada vez más rápidas, mantener actualizados nuestros conocimientos también significa cuidar la calidad de la experiencia educativa.
La UNESCO considera el desarrollo profesional continuo del personal docente una pieza fundamental para responder a las necesidades emergentes de los sistemas educativos.
Volver a las raíces para mirar hacia adelante
Formarse también significa recordar por qué educamos.
A través de los programas impulsados por el Equipo de Misión, las y los colaboradores tuvieron la oportunidad de profundizar en dimensiones esenciales de la vocación Marista: la Educación en la Fe, la Evangelización y el desarrollo de la Interioridad.
Esta formación conecta la práctica cotidiana con nuestras raíces. Porque educar desde el carisma Marista no consiste únicamente en transmitir conocimientos: implica acompañar procesos, generar comunidad y contribuir a que nuestras alumnas y alumnos desarrollen herramientas para comprender y transformar su realidad.
En los talleres CREeaR, por ejemplo, se abordaron metodologías como el Aprendizaje y Servicio Solidario, mientras que espacios como Matemáticas para Pensar pusieron el énfasis en la curiosidad, el razonamiento y el pensamiento crítico.
Así, la formación busca que la solidaridad, la fraternidad y el compromiso social no permanezcan como conceptos abstractos, sino que encuentren un lugar concreto en las experiencias de aprendizaje.
Innovar sin perder nuestro horizonte
La innovación educativa también ocupó un lugar importante durante este verano.
Con el acompañamiento de la Universidad Marista de Querétaro, las y los participantes profundizaron en el Modelo Humanista Social Cognitivo y en distintos enfoques transversales que forman parte de nuestra propuesta educativa: Buen Vivir, inclusión, educación para la paz y participación juvenil.
El desafío no consiste simplemente en incorporar nuevas metodologías, sino en preguntarnos qué tipo de educación necesitan las nuevas generaciones.
La tecnología puede ofrecer nuevas posibilidades, pero son las personas quienes deciden para qué utilizarla. Por ello, la formación en Inteligencia Artificial, incluyendo herramientas como ChatGPT, estuvo acompañada por el desarrollo de competencias para crear contenidos y experiencias educativas mediante plataformas como Canva, Genially, Piktochart y Moodle.
La pregunta fundamental no es solamente qué herramientas tenemos, sino cómo podemos utilizarlas para hacer del aprendizaje una experiencia más significativa, participativa y humana.
Educar también significa prevenir y cuidar
La formación de verano incorporó además una dimensión indispensable: la construcción de comunidades educativas seguras.
La difusión de espacios formativos ofrecidos por organismos como la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), el CONAPRED, la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México (CDHCM) y el COPRED permitió ampliar conocimientos relacionados con la prevención del acoso escolar y las violencias, así como con igualdad, tolerancia, no discriminación y primeros auxilios psicológicos.
Esto responde a una convicción fundamental: una escuela que educa también debe saber cuidar.
La prevención requiere conocimientos, protocolos y capacidades para reconocer situaciones de riesgo y actuar oportunamente. Pero también requiere una cultura institucional que coloque la dignidad de las personas en el centro.
Una red que aprende junta
Uno de los mayores valores de estos procesos es que la formación sucede en red.
Compartir experiencias con compañeras y compañeros de otras obras permite descubrir que los desafíos educativos pueden ser diferentes según cada contexto, pero también que existen aprendizajes que pueden ponerse en común.
La colaboración entre obras fortalece nuestra identidad y nos permite construir soluciones desde una perspectiva colectiva. Cada escuela aporta sus experiencias, sus preguntas y sus buenas prácticas; la red, a su vez, devuelve nuevas posibilidades.
Esta dinámica expresa una característica profundamente Marista: aprender con otras y otros para servir mejor.
Una formación que llega al aula
El verdadero impacto de los Cursos de Verano 2026 no se mide únicamente por el número de talleres realizados o de personas participantes.
Se mide por lo que sucede después.
Está en una docente que encuentra una nueva manera de despertar la curiosidad de su grupo. En un educador que incorpora herramientas digitales sin perder de vista el vínculo humano. En una persona que identifica una situación de violencia y sabe cómo actuar. En una comunidad que aprende a incluir mejor. En una clase que convierte un problema social en una oportunidad para aprender y transformar.
La formación adquiere sentido cuando se convierte en práctica.
Por eso, al comenzar este nuevo ciclo escolar, reconocemos el compromiso de quienes dedicaron parte de su verano a seguir aprendiendo. Su esfuerzo forma parte de una tarea mayor: construir comunidades educativas capaces de responder a los desafíos del presente sin perder de vista nuestra misión.
Formarnos es también una manera de ponernos en acción.
Porque cada nuevo conocimiento, cada herramienta compartida y cada experiencia de aprendizaje puede convertirse en una oportunidad para acompañar mejor.
Y cuando una comunidad de educadores aprende junta, también crece su capacidad para transformar.
Maristas en Acción: educar, aprender y transformar.



