En la Provincia Marista de México Central, la formación de los estudiantes no ocurre solo dentro de las aulas; se expande hacia la realidad social a través de un esquema educativo innovador: las Semanas de Solidaridad. Lejos de ser campañas de asistencia o eventos aislados, estas jornadas se distribuyen estratégicamente a lo largo del ciclo escolar como dispositivos pedagógicos. Su objetivo es claro: abordar las problemáticas sociales desde una perspectiva crítica, integrando la fe, la cultura y la vida en un solo proceso formativo.
Un aprendizaje situado en la realidad
Para la comunidad marista, la solidaridad no es un sentimiento difuso de empatía, sino un compromiso ético y político con la justicia. Al llevarse a cabo en diferentes momentos del año, estas semanas garantizan que la reflexión sobre el entorno sea constante y no un evento de una única ocasión. Este modelo se sostiene sobre cuatro pilares transversales que guían la mirada de niñas, niños, adolescentes y jóvenes (NNAJ):
1. Solidaridad Transformadora: De la empatía a la incidencia
A diferencia de los modelos tradicionales que se limitan a mitigar síntomas de pobreza, la Solidaridad Transformadora busca comprender y cuestionar las causas estructurales de la desigualdad. En México Central, se educa para que el estudiante no solo «ayude», sino que se indigne ante la injusticia y desarrolle habilidades de incidencia social. Es una invitación a construir relaciones horizontales donde el encuentro con el otro nos transforma a ambos.
2. El Buen Vivir (Sumak Kawsay)
Este pilar, inspirado en las cosmovisiones de los pueblos originarios y en sintonía con la ecología integral, propone una alternativa al modelo de desarrollo consumista. El Buen Vivir es aprender a habitar el mundo en armonía con la comunidad y con la «Casa Común». Durante las semanas de solidaridad, se promueven prácticas de sobriedad compartida y cuidado mutuo, entendiendo que nadie se salva solo y que la Tierra es un organismo vivo que requiere respeto, no explotación.
3. Enfoque de Derechos de NNAJ
La pedagogía marista sitúa a los estudiantes como sujetos de derechos. Esto significa pasar de una visión adultocéntrica —donde los jóvenes son solo receptores de instrucción— a una donde son protagonistas de su propia historia. Las semanas de solidaridad son espacios donde NNAJ ejercen su derecho a la participación, a la libre expresión y a la organización, identificando las brechas de derechos en su entorno y proponiendo soluciones desde su propia visión del mundo.
4. Inclusión Marista: Una hospitalidad que derriba muros
Para nosotros, la Inclusión es un imperativo evangélico. No se trata simplemente de integrar a quienes son «diferentes», sino de transformar las estructuras y actitudes que generan exclusión. Durante estas jornadas, la comunidad reflexiona sobre las barreras para el aprendizaje y la participación, fomentando una cultura de la hospitalidad radical donde la diversidad se celebra como la mayor riqueza de la fraternidad humana.
El motor del cambio: Aprendizaje y Servicio Solidario (AySS)
La metodología que da vida a estos pilares es el Aprendizaje y Servicio Solidario (AySS). Esta propuesta pedagógica permite que los conocimientos adquiridos en las asignaturas (ciencias, humanidades, artes) se pongan al servicio de una necesidad social real. Los estudiantes no solo «estudian» la inclusión o el Buen Vivir; diseñan proyectos concretos que responden a desafíos comunitarios. De este modo, el aprendizaje adquiere un sentido trascendente y la escuela se convierte en un actor vivo de cambio social.
En conclusión, las Semanas de Solidaridad en México Central son una apuesta por una educación que no solo informa, sino que conforma personas capaces de mirar la realidad con ojos de esperanza y manos dispuestas a la construcción de un mundo más justo y fraterno.





