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Aprendizaje y Servicio en la Educación Marista: Conectando el Aula con la Vida Real

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Aprendizaje y Servicio Misión de Guadalupe

¿Es posible aprender matemáticas calculando el presupuesto de un comedor comunitario? ¿Se puede comprender la historia local entrevistando a los ancianos de una residencia vecina? La respuesta es sí, y tiene un nombre: Aprendizaje y Servicio (ApS).

En el contexto educativo actual, donde buscamos que el conocimiento trascienda las cuatro paredes del aula, el ApS emerge no como una moda, sino como una metodología clave. Como señalan Eyler y Giles (1999), no se trata simplemente de hacer voluntariado ni de estudiar teoría de forma aislada; es una propuesta educativa que combina procesos de aprendizaje y de servicio a la comunidad en un solo proyecto bien articulado. El objetivo es doble y potente: aprender contenidos curriculares reales mientras se trabaja sobre necesidades reales del entorno.

¿Por qué el Aprendizaje y Servicio es el corazón del modelo Marista?

Para un educador marista, el ApS resuena de inmediato con nuestro ADN. Si revisamos la Misión Educativa Marista, encontramos que el sueño de Marcelino Champagnat no era solo instruir, sino formar «buenos cristianos y virtuosos ciudadanos».

El ApS es la encarnación pedagógica de nuestro carisma: promueve una educación integral, fomenta la cultura del encuentro y, sobre todo, hace una opción preferencial por los más vulnerables. No es una actividad extraescolar; es llevar el espíritu de familia y la solidaridad a la estructura misma del currículo.


Paso 1: Partir de la realidad, no del escritorio

Un error común es diseñar proyectos desde la comodidad de una oficina. Sin embargo, la pedagogía crítica de Freire (1970) nos recuerda que

Jovenes por el Servicio: Proyecto de Voluntariado marista

 debemos «leer el mundo» antes de leer la palabra.

El primer paso para un proyecto de ApS marista es mirar por la ventana. ¿Qué sucede en nuestro barrio? ¿Qué dolores tiene nuestra comunidad cercana? El proyecto no nace de una idea brillante del docente, sino de una lectura atenta y compasiva del contexto social.

Paso 2: Detectar una necesidad junto con la comunidad (Aprendizaje y Servicio)

Aquí es donde cambiamos el paradigma: dejamos de «ayudar» (una relación vertical) para «servir y aprender con» (una relación horizontal). Siguiendo a Tapia (2006), la calidad del ApS depende de la reciprocidad.

No llegamos como salvadores a imponer una solución. Nos sentamos con la asociación de vecinos, el centro de salud o la ONG local y preguntamos: ¿Qué necesitan y cómo podemos colaborar desde lo que sabemos? Es un ejercicio de escucha activa y corresponsabilidad.

Paso 3: Vincular el proyecto con el currículo escolar

Para que el Aprendizaje y Servicio no sea percibido como una distracción de «lo académico», la vinculación curricular debe ser explícita. Como indica Furco (2002), el servicio y el aprendizaje deben tener el mismo peso en la balanza.

Si los estudiantes van a reforestar una zona, deben estar aplicando conocimientos de biología (ciclos de carbono, ecosistemas). Si van a lanzar una campaña de concientización, deben aplicar competencias de lengua y comunicación. El servicio es el vehículo mediante el cual el currículo cobra vida.

Paso 4: Definir aprendizajes y competencias

¿Qué queremos que el estudiante se lleve de esta experiencia? Kolb (1984) nos habla del aprendizaje experiencial: el conocimiento se consolida cuando la experiencia concreta se transforma a través de la reflexión.

En este paso, definimos no solo los contenidos académicos, sino también las habilidades socioemocionales (empatía, trabajo en equipo, resolución de conflictos) que son vitales para la vida. Buscamos un aprendizaje situado y significativo.

Paso 5: Diseñar acciones con intención pedagógica

La buena voluntad no basta; se necesita planificación. El Aprendizaje y Servicio plantea que las actividades de servicio deben estar diseñadas para tener un impacto real, pero también para permitir la práctica de las habilidades educativas. Es el momento de la logística, pero siempre subordinada al propósito formativo.


Los Roles en el ApS: Protagonismo y Acompañamiento

El estudiante como protagonista: En el modelo marista, el alumno no es un recipiente vacío. En el ApS, ellos investigan, contactan a los socios comunitarios, ejecutan las acciones y evalúan los resultados. Se convierten en sujetos activos de su propia formación ética y académica.

El docente marista como guía: El rol del profesor cambia radicalmente. Ya no es el único poseedor del saber, sino un mediador. Como sugiere Hattie (2009), el docente exitoso es aquel que hace visible el aprendizaje, acompañando y dando retroalimentación, pero permitiendo que el alumno tome las riendas. El educador marista acompaña con presencia, estando «entre» los jóvenes.

La reflexión: El motor del Aprendizaje y Servicio

Sin reflexión, el servicio es solo activismo. Eyler (2002) insiste en que la reflexión es el «guion» que une el servicio con el aprendizaje.

Es vital crear espacios antes, durante y después de la acción para preguntarse: ¿Qué vi? ¿Cómo me sentí? ¿Cómo se conecta esto con lo que estudié en clase? ¿Qué dice esto sobre la justicia social? La reflexión transforma la vivencia en conciencia.

Dimensión ética y Evaluación

Desde la perspectiva de Puig (2015), el ApS es una herramienta poderosa para la construcción de la ciudadanía. No educamos para el éxito individual, sino para el bien común. Evaluamos, por tanto, no solo con un examen, sino mediante rúbricas, portafolios y autoevaluaciones que, como sugieren Black & Wiliam (1998), midan el progreso integral del alumno y el impacto real en la comunidad.

Conclusión: Educar para transformar

El Aprendizaje y Servicio en la escuela marista no es un evento aislado; es una cultura. Al implementar estos pasos, no solo estamos cumpliendo con un programa académico, estamos encendiendo una llama. Estamos demostrando a los estudiantes que su conocimiento tiene poder: el poder de transformar la realidad.

Diseñar proyectos de ApS es, en última instancia, educar para la vida, fortaleciendo la fe a través de obras y formando ciudadanos comprometidos que, al igual que Champagnat, no permanecen indiferentes ante las necesidades de su tiempo.


Referencias para profundizar:

  • Black, P., & Wiliam, D. (1998). Inside the Black Box: Raising Standards Through Classroom Assessment.

  • Eyler, J., & Giles, D. (1999). Where’s the Learning in Service-Learning? Jossey-Bass.

  • Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.

  • Furco, A. (2002). Is Service-Learning Really Better than Community Service?

  • Hattie, J. (2009). Visible Learning. Routledge.

  • Hermanos Maristas (FMS). En las huellas de Marcelino Champagnat: Misión Educativa Marista.

  • Kolb, D. A. (1984). Experiential Learning. Prentice Hall.

  • Puig, J. M. (coord.) (2015). 11 ideas clave. ¿Cómo realizar un proyecto de aprendizaje servicio? Graó.

  • Tapia, M. N. (2006). Aprendizaje y servicio solidario en el sistema educativo y las organizaciones juveniles. Ciudad Nueva.

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