Educación Ambiental Integral: Cada 26 de enero, el mundo celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental. Sin embargo, para la familia Marista, y específicamente en la Provincia de México Central, esta fecha no es simplemente una efeméride más en el calendario escolar para hablar de reciclaje o cambio climático. Es una oportunidad para revisitar nuestro carisma fundacional y descubrir cómo la visión de San Marcelino Champagnat resuena con una urgencia renovada en el siglo XXI.
La Educación Ambiental Integral, bajo la mirada marista, trasciende la biología; se convierte en una postura ética, espiritual y social ante la vida.
El «Nuevo Montagne»: Una urgencia ampliada
La historia fundacional marista gira en torno a un encuentro decisivo: Marcelino Champagnat y el joven Jean-Baptiste Montagne. En aquel lecho, Marcelino vio la urgencia de la ignorancia y el abandono espiritual. Esa experiencia fue la chispa que encendió la misión marista.
Hoy, nos preguntamos: ¿Quiénes son los Montagne de hoy?
El Papa Francisco, en su encíclica Laudato Si’, nos da la clave al introducir el concepto de Ecología Integral. Nos enseña que «no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola

y compleja crisis socio-ambiental». Esto significa que el deterioro del planeta golpea primero y con más fuerza a los más vulnerables.
Por tanto, los «Montagne» de hoy no son solo los jóvenes que carecen de educación académica; son también las comunidades desplazadas por la sequía, son las familias que carecen de agua potable y son las generaciones futuras que heredarán un planeta herido. En Maristas México Central entendemos que la urgencia educativa se ha ampliado: ya no basta con enseñar a leer y escribir; debemos enseñar a leer los signos de los tiempos y a escribir un futuro sostenible.
Más allá de las Ciencias Naturales: Educación Ambiental Integral, Educar en el «Buen Vivir»
En el modelo educativo de Maristas México Central, la educación ambiental no vive aislada en el laboratorio de ciencias. Si enseñamos ecología sin humanismo, formamos técnicos; si enseñamos ecología con carisma, formamos ciudadanos virtuosos.
Nuestra apuesta es integrar la sostenibilidad en la identidad del estudiante a través del concepto del «Buen Vivir». Esto implica un cambio de paradigma:
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Conciencia de Interconexión: En nuestras aulas, un alumno aprende que tirar basura no es solo un acto de suciedad, es un acto de desconexión con su comunidad. Entendemos que cada árbol talado injustamente y cada río contaminado tiene víctimas reales y rostros concretos.
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La Sencillez como herramienta ecológica: Una de nuestras tres violetas, la Sencillez, es quizás la herramienta más potente contra el consumismo desmedido. Educar en la sencillez hoy significa enseñar a valorar lo esencial, a reducir nuestro consumo y a no definir nuestro valor por lo que tenemos, sino por lo que somos y compartimos.
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Justicia Intergeneracional: Educamos con la vista puesta en el futuro. Inculcamos en nuestros estudiantes la responsabilidad ética de que el mundo no nos pertenece; lo tenemos en préstamo de las generaciones venideras.
El rostro humano de la ecología
Decir que «somos Maristas» implica una sensibilidad especial hacia el prójimo. Hoy, esa sensibilidad debe volverse verde.
Tener una Educación Ambiental Integral es abrir los ojos a la realidad de que cuidar el ambiente es la forma más moderna, urgente y concreta de amar al prójimo. No se puede amar a Dios a quien no se ve, si no se ama a la Creación que se ve y a los hermanos que habitan en ella.
En nuestras escuelas, fomentamos proyectos que van desde la gestión de residuos hasta la reforestación, pero siempre con una reflexión de fondo: ¿Por qué lo hacemos? Lo hacemos porque la degradación ambiental es una forma de violencia, y nosotros somos educadores de paz.
Un llamado a la Comunidad Educativa
En este Día de la Educación Ambiental, el llamado para padres, alumnos, docentes y colaboradores de Maristas México Central es claro: recuperemos el espíritu de Champagnat. Él no se quedó de brazos cruzados ante la necesidad de su tiempo; actuó, construyó y educó.
Hoy nos toca a nosotros construir, no con piedras, sino con acciones conscientes. Nos toca sembrar, como decía Champagnat, no solo en la tierra, sino en el corazón de los niños, para que florezca una nueva humanidad que sepa habitar este mundo con respeto, gratitud y amor.
Que nuestra educación siga siendo, como el cultivo al campo, la esperanza de una cosecha más justa y fraterna para nuestra Casa Común.



